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Disculpe, estoy preparando mi improvisación de mañana

En las intervenciones públicas ante todo tipo de audiencias, la preparación permite conferir armonía a las palabras, naturalidad a la puesta en escena y ritmo narrativo a la exposición, dada la combinación de elementos que puede posibilitar la planificación previa. A la hora de abordar sus planes de acción, los proyectos de emprendimiento han de cuidar sobremanera este asunto

Disculpe, estoy preparando mi improvisación de mañana
Martes, 28 de febrero 2017

Por José María Paredes - El Efecto WOW

Impulsar un proyecto de emprendimiento, sea o no de contenido digital, además de mucho dinero, lleva aparejado meses de trabajo. A veces, incluso, hasta que cobra la forma deseada, transcurren años. Pero también precisa, claro, centenares de ensayos, desarrollo de prototipos, cientos de pruebas y experimentos a mansalva... Y, por supuesto, requiere miles de horas de dedicación, otros tantos minutos de discusiones, noches en vigilia, desvelos y soportar algunas negativas y fracasos.

Aunque en este lapso de tiempo, asimismo, se dan pequeñas conquistas que se celebran con inusitado fervor e ilusión, en torno a una cerveza, como si se hubiese sido ungido por el mito de los unicornios, ese que dice que tu compañía vale más de 1.000 millones de dólares en el ecosistema de los negocios.

Por ello es importante, asomado el momento de la verdad, tener todo dispuesto para trasladar la idea a un nivel más avanzado. Un nivel en el que la comunicación ha de ser una herramienta de gestión de primer orden, formalizada en un programa que ayude a la promoción y comercialización de la iniciativa de empresa.

Un plan que, al menos, ha de contener una línea de composición: nunca cabe la improvisación. Porque si la reputación es un activo que tarda años en construirse —20 años, según Warren Buffett, el famoso inversor multimillonario—, sólo se precisan cinco minutos para arruinarla.

Es decir, que todo el trabajo desplegado para sacar adelante un sueño puede chafarse a la mínima de cambio por una falta de rigor esencial en la fase de planificación. En particular si se ha de afrontar una comparecencia pública, sea ante audiencias masivas o minoritarias, o una entrevista con los medios de comunicación.

Hace unos años, Tinet Rubira, el que fuera director de ‘Operacion Triunfo’, declaraba lo siguiente en una entrevistada publicada en El País: “Hace 11 años dirigía y presentaba un programa musical que se llamaba 'Plástic', donde actuaban cantantes y grupos jóvenes. Y en ocasiones me enfadaba porque me daba cuenta de que no se paraban a pensar qué imagen querían dar en televisión, algo tan simple como preparar lo que vas a decir, lo que vas a hacer. Llegaba gente sin ninguna estrategia. Y la situación era muy diferente con los grupos de fuera, que lo tenían muy asumido. Llegamos a tener cinco millones de audiencia y allí nos llegaba gente sin haber preparado siquiera una puesta en escena".

Ese mismo error, la falta de preparación, fue lo que llevó a Felipe González a perder el primero de los debates que le enfrentó a José María Aznar en 1993. Nada que ver con lo sucedido en el segundo de los debates que mantuvo con el entonces candidato popular a la Presidencia de Gobierno, en donde el representante socialista se preparó a conciencia.

Cuentan que, en una ocasión, le preguntaron a Winston Churchill cómo improvisaba de forma tan extraordinaria. Su respuesta fue excepcionalmente brillante: “Es porque le dedico mucho tiempo a preparar mis improvisaciones”.

Mark Twain, el famoso autor americano, se manifestaba en términos parecidos: "Preparar un buen discurso improvisado lleva tres semanas". Otro político inglés, aunque laborista, Harold Wilson, también reflexionaba en torno a este asunto: “Preparar un discurso de diez minutos me cuesta dos semanas; un discurso de una hora, una semana, y un discurso de dos horas lo puedo improvisar en cualquier momento”

Nada, por tanto, ha de quedar al azar. En materia de comunicación todo ha de estar pensado y medido. Máxime en la era del espectáculo, los contenidos y las plataformas sociales, con millones de dispositivos prestos a hacer clic en sus funcionalidades.

Así las cosas, y por inocua que pueda parecer una presencia pública, se ha de extremar el cuidado. Casi tanto como lo hacía, por ejemplo, el equipo de asesores de Ronald Reagan, que fue capaz de anticipar (y preparar) el 90 por ciento de las preguntas que formularon al cuadragésimo presidente de los EE.UU en las ruedas de prensa en las que participó.

Incluso la naturalidad y “espontaneidad” de Bertín Osborne en su programa de televisión están concienzudamente preparadas. Lo confesaba uno de los guionistas del espacio en una entrevista en El Mundo: "Un 80%-90% de lo que pasa 'En la tuya o en la mía’ está previsto y guionizado”. Y añadía: "Se piensa no sólo lo que pregunta Bertín sino a veces la réplica a lo que sabemos que va a contestar el entrevistado. Está todo muy medido".

Y las meras entradillas que realizan los reporteros en sus conexiones en directo con los informativos les llevan minutos de preparación minuciosa fuera de cámara, en espacios aparte, sin exposición pública y alejados en lo posible de miradas ajenas, para así transmitir esa naturalidad aparente ante la audiencia.

Es preciso, por tanto, preparar todo. No sólo los mensajes esenciales, sino también las anécdotas, pues de otro modo se corre el riesgo de incurrir en deslices justo cuando se baja la guardia. Y es entonces cuando se producen las meteduras de pata.

En una ocasión, con motivo del Campeonato de España de Crupieres, que se celebró en Málaga en febrero de 2008, todos los profesionales de las mesas de juego fueron aleccionados acerca de las preguntas que previsiblemente “caerían” en sus entrevistas con los medios de comunicación.

Se trataba de un repaso a las cuestiones habituales que suelen plantearse a los trabajadores de un casino: famosos que van, cuánto se gastan los visitantes, trampas que se hacen, presencia abrumadora de asiáticos, dónde está el búnker, cuántas veces se ha saltado la banca, ludopatía... Todas estas cuestiones, y otras muchas, se ensayaron...

Hasta que a uno de estos crupieres, en esta ronda de entrevistas, se le solicitó que refiriese alguna anécdota que recordase. Y eso fue la debacle, porque comenzó la respuesta con una remembranza acerca de una señora que estaba tan “viciada” con el juego que, después de mucho insistirle, ante las fugas parciales que observaban los compañeros de mesa, fue al baño cegada de pasión.

Lejos de detenerse en el relato, el profesional de la casa de juego incidió en la anécdota. Así se supo que la buena señora, consumados los oficios, regresó de nuevo a la mesa de juego, al instante, con la prenda interior en cuestión –nada sexy, por cierto– a la altura de los tobillos, sin percatarse de ello, dada la ceguera con la que disputaba las suertes. Resultado: la literatura periodística, con gran alarde tipográfico, hizo el resto... Consecuencia: todo el discurso preparatorio se fue al traste...

Por tanto, para evitar las improvisaciones, y aunque ya se conocen muchos de estos aspectos sobradamente, se han de cuidar una serie de asuntos:

 

  • Es necesario conocer el perfil del público destinatario de las palabras, así como el formato de la comparecencia (conferencia, declaración institucional, rueda de prensa, entrevista, pich elevador, town hall, roadshow...).
  • A partir de ahí, se han de marcar los objetivos de comunicación.
  • En torno a esas metas, se han de trabajar los mensajes: definir cuáles con los más adecuados, sistematizarlos, dotarlos de coherencia expositiva y, finalmente, 'blindarlos' para que no contengan debilidades argumentativas.
  • Consumados estos preparativos, es necesario ensayar. Y no sólo una vez.
  • Ah, y tampoco olviden las cuestiones formales, no vaya a ser que los mensajes pasen inadvertidamente a causa de asuntos periféricos, como pueden ser un niño bostezando al lado del ponente o un cartel inapropiado en las cercanías.

No se trata, en todo caso, de parecer en exceso rigorista o encorsetados. No. Ni mucho menos. Al contrario, la preparación permite conferir armonía a las palabras, naturalidad a la puesta en escena y ritmo narrativo en la exposición, dada la combinación de elementos que puede posibilitar esa planificación previa.

La próxima semana, 'El Efecto Wow' analizará otra de las grandes barreras del proceso de comunicación: el exceso de confianza, que es lo que lleva a bajar la guardia o a perder los ‘partidos’ en el último minuto. Porque no hay que olvidar que los periodistas lo son las 24 horas del día, los siete días de la semana y los 365 días del año. Y que las redes sociales, no lo olviden, están ahí, siempre en alerta...

 

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